Fútbol - La alegría de patear una pelota
Si ustedes se preguntan ¿qué pasará por la cabeza de ese pequeño de doce años que se siente feliz jugando a la pelota e inventa un mundo de ilusiones alrededor de la redonda?, la respuesta exacta, precisa y concisa acá no está. Es gigante lo que puede guardar ese corazón que palpita a mil a la espera del pitazo inicial... Un Mundialito es un evento de carácter deportivo y social, que más allá del triunfo busca integrar a chicos de distintos lugares, y formarlos como personas. Esto es algo que tiene sentido y a lo que no hay nada que reprochar, pero ¿quién le quita el sueño a ese enano que algún día se imagina grande y aplaudido por todo un estadio?
pueda tener, el de la madre, quien trata de transmitirle seguridad pero también dejarle en claro que en la cancha, cuando pise el verde césped ella no va a estar. Palabras inaugurales, fuegos artificiales y el contacto con quienes al igual que él, anhelan tener a la pelota de amiga. Cuando abre los ojos el chiquitín se desprende del suelo como si fuera un ángel, a su botín lleva atada el arma más leal que un ser humano pueda tener, la pelota, elude a uno, la pisa ante el 5 rival que lo mira desde arriba, se la toca a uno de sus compañeros que además es su vecino, recibe la pared y mano a mano frente al portero rival pincha el balón con su pierna más hábil llenando la red de gol. Fue el del honor, su equipo perdía así 9 a 1, pero aunque no lo crean ese niñito se llevó todos los aplausos, por su muestra de coraje, valentía y amor propio, detrás de esa pelota corrían todos soñando protagonizar el pequeño momento de gloria que el fútbol le regaló... 


por Jesús Ruiz Colaboración Fotográfica: Ariel Ríos y Jorge Silva.
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